Cuando hay que parar para salir, ver para actuar y contemplar para la conversión. Ahí, permanecer.
En los cuerpos concretos de quienes están en nuestro radio de projimidad. Ahí, permanecer.
Cuando la Buena Noticia es “cuerpo a cuerpo”, como Jesús con quienes se encuentra. Ahí, permanecer.
Mientras la oruga se hace mariposa y los textos nos preparan para itinerarios de fragilidad. Ahí, permanecer.
Aceptando que Jesús colocó la totalidad de la historia de la humanidad bajo la autoridad de quienes sufren. Ahí, permanecer.
En el servicio no reconocido ni valorado, siendo como somos, pan partido y repartido a diario en la Iglesia. Ahí, permanecer.
Invitados, invitadas, a no banalizar el mal, a no ocultarlo y a confrontarlo señalándolo. Ahí, permanecer.
Junto a todas las personas crucificadas, aunque solo podamos estar para abrazar. Ahí, permanecer.
Mientras llegamos a la vida otra: Permanecer.

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